Le pedía al Señor otro bebé, que sea varoncito y nada..., algunas personas me decían: "¿por qué sos floja?", "¿tu marido ya no puede?", y cosas por el estilo.... no sabían que en el fondo de mi corazón, en la intimidad de mi habitación, oraba al Señor....
Hace unos años, cuando mi hija estaba pequeña, en un viaje que hice a una ciudad que no conocía, la dueña del Hotel se sentó a conversar conmigo en la recepción, una mujer sabia, ya entrada en años... me preguntó si tenía niños, le dije que una, y me contestó: "debes darle un hermanito, no debe quedarse sola, ella necesitará un hermano, alguien en quien apoyarse, alguien con quien compartir las penas, las alegrías...
Esas palabras se quedaron gravadas en mi alma, y siempre la recordaré, por el significado de sus palabras.
Y entonces, en la navidad del 2011 mi esposo llega una noche a casa y me dice: ¿Hay muchos niños abandonados en los Hogares, niños que necesitan amor, necesitan un padre, una madre, una familia. Si tuvieras la oportunidad, te gustaría ser mamá adoptiva de alguno de ellos?, yo contesté sin vacilar: si, si hay un niño que necesita una mamá, que necesita amor, yo podría darle mi amor, mi cuidado.
Le contamos la idea a nuestra hija adolescente de doce años y también quedó encantada.
Fue así que, el año nuevo del 2012, en vez de dormir por el desvelo de la noche anterior, nos fuimos a visitar un Hogar de niños, uno de los muchos que hay en la ciudad. Nos abrió la puerta una de las muchachas encargada de cuidar a los niños. Todos eran "niños especiales", que tenían alguna dificultad que podría ser motivo de que nadie los adopte.